Un temblor, seguido de un estremecimiento general; un cosquilleo frío que sube por la espalda hasta las orejas, y baja nuevamente para alojarse en el corazón. Manos temblorosas, respirar agitado: la culpa.
La culpa, mezclada con verguenza, con una pizca de miedo; estas son las cosas que pasan cuando alguien te dice: "me has decepcionado".
Se siente terrible, como un copo de nieve que cae en el cuello y se escurre dentro de las miles de capas de ropa en pleno invierno; nada puede sacudir la culpa, la verguenza; no se puede hacer nada para remediar lo pasado.
La culpa... la culpa y la congoja, el nudo en el pecho que no deja respirar; la culpa de la negligencia y la omisión, de la lengua suelta que no sabe quedarse guardada, y se escapa cada vez que ve la rendija entreabierta.
La verguenza, el mirar al otro lado del espejo, y ver reflejados los miedos y cosas que despreciamos; el ponerse los ojos de otro, y poder verse en otro plano, sentir con su corazón y sufrir su dolor.
Amor y odio entremezclados, cuando ese alguien señala su decepción; odio por verse descubierta, el sentimiento de ultraje y desnudez, la sacudida violenta de la realidad; amor, al ver en sus ojos el dolor ajeno a su propio ser, la defensa del indefenso a quien vanamente y sin pensar hemos ofendido; la vanidad, la soberbia.
Sin pensar, sin sentir, sin ver; el ego del gigante sin sombra, la flor sin aroma, el pájaro sin voz. Todo se cae, se desmorona; pero vuelve todo a su lugar. El cosmos se reordena, todo sigue su curso, el kharma vuelve al equilibrio, siempre que se aprenda la leccion.
Que no sea en vano.






Hola, cómo estás, espero que bien, yo estoy bien... las culpas muchas veces por algo y la verguenza igual... bueno, te dejo... adios visita mi blog
Hola, mmmm me encantó...todo se encadena con un propósito trascendental.
Cariños.